Por unas horas, o unos días, me estoy yendo a Bariloche.
Sin quererlo, se presentó la oportunidad de alcanzar un sueño: volar en parapente.
Cuando lo escuché, me dije: cuando y donde.
Por internet, me enteré de esto.
Unos instantes de dudas y temores me asaltaron.
Pero me dije: Hey!, tenés solo esta vida para cumplirlo.
Solo espero que estén dadas las condiciones climáticas.
Por lo demás, no sé a cuantos latidos estaré de vivir ese momento.
Me digo y tiro la posta: por que hay gente que vive acumulando miedos, uno tras de otros… Alta resolución

Por unas horas, o unos días, me estoy yendo a Bariloche.

Sin quererlo, se presentó la oportunidad de alcanzar un sueño: volar en parapente.

Cuando lo escuché, me dije: cuando y donde.

Por internet, me enteré de esto.

Unos instantes de dudas y temores me asaltaron.

Pero me dije: Hey!, tenés solo esta vida para cumplirlo.

Solo espero que estén dadas las condiciones climáticas.

Por lo demás, no sé a cuantos latidos estaré de vivir ese momento.

Me digo y tiro la posta: por que hay gente que vive acumulando miedos, uno tras de otros…

La reflexión de Liliana Daunes, o más bien, el punto de vista lapidario de una mujer de estas pampas.

Por momentos, te deja knock-out y más allá, con el correr de los minutos, sientas los pelitos de la nuca erizados.

No es poco en estos tiempos.

Como alguna vez leí, mentir es otra forma de decir la verdad, un No bien dicho afirma muchas cosas.

Entre tantas, una: (simplemente) vivir.

Al día de hoy, siempre he sostenido que la religión tiene que ser optativa.
Por así decirlo, mi introducción al budismo empezó con un libro que J.L. Borges y Alicia Jurado escribieron en 1977: Qué es el budismo.
Transcribo una frase de aquel libro: “(el budismo) Usa y abusa de la lógica para la demolición de la lógica”.
Por muchos motivos, fue revelador. En aquel libro, percibí demasiado sentido común, algunas anécdotas del príncipe Bodhidharma, y un cierto desprecio oportuno por los milagros.
Para mis adentros, no creo profesar el budismo. Más aun, ninguna religión. Sospecho que abrazar una religión implica una especie de encorsetamiento cuando de vivenciar, de aprender, de vivir a partir de lo dicho por alguien alguna vez. Creo muchísimo más en la Ciencia como modo de aprehender la realidad.
Pero del Budismo, me atrae -demasiado- su ética, ese lidiar con el error, esa profesión de fe que fomenta que descreas incluso de las mismísimas enseñanzas del Buddha -hasta fomentar que pongas en duda la existencia del susodicho-. Se respira libertad en sus enseñanzas, al punto que no nos obliga a unicamente ser budistas. Uno puede ser budista y… también católico. Creo que ninguna otra religión permite semejante “ultraje”: ¿se imaginan un católico musulmán?
Este cuadrito con frases del Dalai Lama (y pensar que estuve a unos doscientos metros de verlo ahí, en persona…), en un gran porcentaje lo llevo a cabo día tras día.
Y lo que resta para llegar al todo… bueno, que el vaso quede así.
Que más da.
El día que me aseguren que se puede medir la felicidad… bueno, no sé si alguna vez llegará ese día,  pero seguramente -doble contra sencillo- confirmaré que buena parte de mi vida fui feliz.
———————————————————
El gráfico, vía tumblinas: Alta resolución

Al día de hoy, siempre he sostenido que la religión tiene que ser optativa.

Por así decirlo, mi introducción al budismo empezó con un libro que J.L. Borges y Alicia Jurado escribieron en 1977: Qué es el budismo.

Transcribo una frase de aquel libro: “(el budismo) Usa y abusa de la lógica para la demolición de la lógica”.

Por muchos motivos, fue revelador. En aquel libro, percibí demasiado sentido común, algunas anécdotas del príncipe Bodhidharma, y un cierto desprecio oportuno por los milagros.

Para mis adentros, no creo profesar el budismo. Más aun, ninguna religión. Sospecho que abrazar una religión implica una especie de encorsetamiento cuando de vivenciar, de aprender, de vivir a partir de lo dicho por alguien alguna vez. Creo muchísimo más en la Ciencia como modo de aprehender la realidad.

Pero del Budismo, me atrae -demasiado- su ética, ese lidiar con el error, esa profesión de fe que fomenta que descreas incluso de las mismísimas enseñanzas del Buddha -hasta fomentar que pongas en duda la existencia del susodicho-. Se respira libertad en sus enseñanzas, al punto que no nos obliga a unicamente ser budistas. Uno puede ser budista y… también católico. Creo que ninguna otra religión permite semejante “ultraje”: ¿se imaginan un católico musulmán?

Este cuadrito con frases del Dalai Lama (y pensar que estuve a unos doscientos metros de verlo ahí, en persona…), en un gran porcentaje lo llevo a cabo día tras día.

Y lo que resta para llegar al todo… bueno, que el vaso quede así.

Que más da.

El día que me aseguren que se puede medir la felicidad… bueno, no sé si alguna vez llegará ese día, pero seguramente -doble contra sencillo- confirmaré que buena parte de mi vida fui feliz.

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El gráfico, vía tumblinas:

Sabias palabras las de Banksy.
Y hoy, nuevamente, lo confirmo.
Acabo de estar acá, y viendo estas “obras de arte” de estos artistas, recordé esta entrada que originalmente fue posteada el 15 de julio de 2009.
Cualquier director de arte de cualquier agencia de publicidad tiene más “conceptos, más percepción social, más… más ideas" respecto al "artista" (de las comillas me hago cargo) con el que estuve hablando.
Le pregunté si había vendido alguna obra. Contestó:
-Si, una. A mi novia.
-Che, y este cuadro. Como lo definirías?
-Inclasificable.
Dejé pasar unos segundos y sentencié: -Pienso exactamente lo mismo.
Así, rápidamente lo saludé. Salí de la habitación. Bajé las escaleras. Y tomé un taxi.
Dentro mío creo tener una certeza: ese cuadro jamás será vendido.
Es más: tiene destino de fuego y cenizas.

Sabias palabras las de Banksy.

Y hoy, nuevamente, lo confirmo.

Acabo de estar acá, y viendo estas “obras de arte” de estos artistas, recordé esta entrada que originalmente fue posteada el 15 de julio de 2009.

Cualquier director de arte de cualquier agencia de publicidad tiene más “conceptos, más percepción social, más… más ideas" respecto al "artista" (de las comillas me hago cargo) con el que estuve hablando.

Le pregunté si había vendido alguna obra. Contestó:

-Si, una. A mi novia.

-Che, y este cuadro. Como lo definirías?

-Inclasificable.

Dejé pasar unos segundos y sentencié: -Pienso exactamente lo mismo.

Así, rápidamente lo saludé. Salí de la habitación. Bajé las escaleras. Y tomé un taxi.

Dentro mío creo tener una certeza: ese cuadro jamás será vendido.

Es más: tiene destino de fuego y cenizas.