Siempre me atrajo el tratamiento de la imagen de la cámara lenta.
60 fotogramas por segundo, detalles que el ojo no percibe, la realidad que se detiene a esperarnos, cual si fuéramos tortugas… o acaso ella va a una velocidad que se nos escapa?
Estaría bueno, a veces, en ciertos momentos de nuestras vidas, que esos segundos que cambian nuestras vidas, se estiraran como chicle… un segundo que -en nuestra mente- sea igual a un par de horas.
Pensar en imposibles es como ser un escritor de ciencia ficción… Uno conjetura, trama, cifra, descifra, imagina personas, personajes, lugares, situaciones imposibles… y resulta que -casi sin quererlo- ocurren.
Nosotros -los humanos- lo llamamos milagro, mientras que para los dioses (sí, con minúsculas!) es solo un acto más entre tantos otros…