July 28, 2009
The monster (et alia)

Acabo de pagar 4 días en un hostel. Creo haberlo hecho en gratitud de su amistad.

Mi primo, durante meses me contó la filosofía de los hostels: lo bueno, lo malo, lo permitido y lo no tanto, de la libertad de espacio, de horarios, de poder tramar historias que en una casa (o si leen literalmente, nuestra casa) no se podría.

Bien, los hechos me dicen que V. (por ahora, lo llamaremos así), y en estos días pasados en que hubo una ola polar por Buenos Aires, durmió más cómodo que de costumbre.

Reconozco que a  veces hay que tener una paciencia de Buddha para sacarle una palabra. Y lejos de enojarme -un verbo que no practico, o muy rara vez en los últimos meses-, pareciera que vivimos en tiempos, expectativas, obligaciones, esperanzas diferentes…

Recuerdo la primera vez que lo ví -ese día llovía-. Sin quererlo, empezó a hablarme de Kant, del Dr. Samuel Johnson…

Mientras tanto, pasaba el tiempo, semanas y a veces meses en que no lo veía, y con el tiempo, me di cuenta que había un patrón: los días de lluvia, elegía un banco determinado, en una plaza determinada. Y se quedaba ahí por horas, oteando el horizonte, mirando Retiro, las más de las veces se distraía con el ir y venir de los aviones…

Cualquiera que lo ve, me diría: Darío, me estás cargando. No, es imposible que sea tu amigo, che,… pero si es un pordiosero!… no, no podés tener como Amigo a un mendigo. Generalmente dejo pasar los segundos y siempre contesto: Los amigos se eligen. Y no miento ni me miento si te digo que Valentín está entre las personas -sino- la más sabia que he encontrado en esta vida.

A él, lo verán por unos segundos en la película Parador Retiro. Y el día que muera, creo, que el mundo será un poco más pobre… Lo juro.

8:35pm
Taxonomizado bajo: personal valentin