Cecil, de tres cuartos, casi de perfil…
Acaba de confesármelo, transoceánicamente.
Planea huir, ser una silvestre runaway, no volver a ver más sus tulipanes y orquídeas, re-aprender a hablar argentino, recriminarle a Agnese por su colección completa de El eternauta, olvidar de pagar su tarjeta de crédito, desistir de mirarse al espejo, resignarse a que jamás vivirá en México, resistir a volver a Argentina, convencerse que Hector Oesterheld está vivo, persistir en eso de recriminarle a su madre porque jamás se da por vencida; pero, entre llantos, planea escaparse de alguien que no sé si la conoce como debería, pero ahora, justo ahora, la de la foto -lo intuyo- ha decidido escaparse de sí misma.