A esta foto la tomé casi un año atrás. Por el horario, estoy seguro que esa meganube -jamás ví una más grande- estaba sobre Bahía Blanca, al sur de la provincia de Buenos Aires. El destino final era patagonia continental argentina, más exactamente, el final del continente americano (o principio!) o sin más, la ciudad más austral del mundo: Ushuaia.
Hoy, 1 de enero, recuerdo que hace exactamente un año atrás, estuve en una mesa con completos desconocidos: un par de japonesas, un alemán, un par de yanquis, alguna boricua, y una familia brasileña. Cada uno, a su modo, se delató antes y después del nuevo año: unos buscaban (desesperadamente) pareja en este fin del mundo, otros replantearse preguntas sin respuestas, otros escapaban del rigor de sus costumbres nacionales, más acá, salirse de eso de estar con la familia y probarse que los lazos familiares deben ser y estar para liberarse de tantos otros; otros asumieron riesgos y dijeron y cantaron a voz en cuello: Basta!! del trabajo, del tedio diario y vengo a probar suerte acá, donde nadie me conoce…
No sé si hubo moraleja de aquel viaje, pero si recuerdo la avioneta, una secreta revelación que alguien me hizo, y uno o dos nombres propios.
Lo demás es historia.
