January 21, 2009
"

Somos impredecibles… acaso valga un ejemplo: aun seguimos amando, incluso por meses, sino años, a quien nos abandonó como… a un perro. Y lo seguimos amando por meses, años, toda una vida…

Usted, Pavlov, se asume conductista.

Y ahí el problema.

Está encarcelado en esa estructura mental que no le permite pensar que sí, definitivamente, existe el libre albedrío.
Existe el azar.
Existe el derecho a fracasar, a fomentar el error, a negarnos a que un abogado nos defienda (please, don´t patronize me; dijo un personaje en una película de Stanley Kubrick) o que un abogado, por una vez en toda la historia judicial argentina, reclame:

- Su señoría, respecto a mi defendido, dadas las sucesivas charlas y a lo largo de todo este tiempo transcurrido durante este honorable juicio; bien, su Señoría, he tomado la firme e inalterable decisión -quizás la que cambie toda mi vida personal y profesional- de asumir que este desquiciado que es mi cliente es un peligro para todo ser humano vivo. Es mi firme propósito que se lo condene a cadena perpetua. Mis honorarios los dono totalmente a las víctimas de este monstruo, mi defendido. Con su permiso, su Señoría, me retiro de estos estrados.

"

— Un simple comentario que hice un par de semanas atrás… nada pretensioso, se deja leer, es más conlleva una idea-hecho que espero que algún dia de mi vida lo presencie, o lo lea, o a lo mejor sea un testigo privilegiado: ese maldito condenado.