Somos impredecibles… acaso valga un ejemplo: aun seguimos amando, incluso por meses, sino años, a quien nos abandonó como… a un perro. Y lo seguimos amando por meses, años, toda una vida…
Usted, Pavlov, se asume conductista.
Y ahí el problema.
Está encarcelado en esa estructura mental que no le permite pensar que sí, definitivamente, existe el libre albedrío.
Existe el azar.
Existe el derecho a fracasar, a fomentar el error, a negarnos a que un abogado nos defienda (please, don´t patronize me; dijo un personaje en una película de Stanley Kubrick) o que un abogado, por una vez en toda la historia judicial argentina, reclame:
- Su señoría, respecto a mi defendido, dadas las sucesivas charlas y a lo largo de todo este tiempo transcurrido durante este honorable juicio; bien, su Señoría, he tomado la firme e inalterable decisión -quizás la que cambie toda mi vida personal y profesional- de asumir que este desquiciado que es mi cliente es un peligro para todo ser humano vivo. Es mi firme propósito que se lo condene a cadena perpetua. Mis honorarios los dono totalmente a las víctimas de este monstruo, mi defendido. Con su permiso, su Señoría, me retiro de estos estrados.
"— Un simple comentario que hice un par de semanas atrás… nada pretensioso, se deja leer, es más conlleva una idea-hecho que espero que algún dia de mi vida lo presencie, o lo lea, o a lo mejor sea un testigo privilegiado: ese maldito condenado.